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viernes, 10 de febrero de 2012

Venta de armas para el Golfo: ¿comprar seguridad o rescatar a Occidente?

Estados Unidos y las monarquías del Golfo se han comprometido en lo que se ha denominado “uno de los mayores ejercicios de rearme de la historia en tiempos de paz” que asciende a la venta, por valor de 123 mil millones de dólares, de aviones de combate, helicópteros, misiles, tanques y otro tipo de armamento avanzado. 

El acuerdo, anunciado en vísperas de la pasada Navidad en Washington, ha sido justificado por Andrew Shapiro, secretario de Estado adjunto para Asuntos Político-militares de Estados Unidos, como “[el envío de] un mensaje contundente a los países de la región de que estamos comprometidos a apoyar la seguridad de nuestros principales socios y aliados en el Golfo Pérsico y en Oriente Próximo”.

En la superficie, el acuerdo pretende garantizar que cualquier potencial interés expansionista por parte de Irán hacia la región quede disuadido. Sin embargo, la naturaleza y el resultado de sustanciales acuerdos de armas previos y actuales entre las monarquías árabes del Golfo y Occidente, en términos de su valor militar vis-à-vis Irán, sugieren una agenda que trasciende meramente a la República Islámica.

Tener en cuenta la Historia: el ejemplo “iluminador”

El reciente artículo de Amer Muhsin para la edición árabe de Al-Akhbar dedicaba mucha atención al primer acuerdo de armamento importante entre Occidente y las monarquías árabes del Golfo que se produjo en la década de 1960, y cómo ilustró en buena medida por qué se inician tales acuerdos y su resultado habitual.

Como señalaba Muhsin, Arabia Saudí y Reino Unido abrieron un nuevo camino al comprometerse en una transacción con respecto al avión de combate inglés Electric Lightning, desarrollado por la British Aircraft Corporation (hoy conocida como British Aerospace) durante la década de 1950.

Arabia Saudí, sumida en la guerra civil de Yemen y de forma esporádica en conflicto con el Egipto de Naser, ordenó 35 Lightning F-53 y seis T-55 que fueron entregados en varias fases concluyendo en 1972. Para la industria de defensa británica de entonces supuso la mayor venta de su historia.

Muhsin añade que los documentos filtrados décadas más tarde revelaron que los saudíes se habían dirigido primero a los estadounidenses para pedir ayuda para la expansión de su capacidad militar. Los estadounidenses la rechazaron tras concluir su análisis que el sector de la aviación saudí no podía resistir la masiva expansión que deseaban los saudíes. Al mismo tiempo, los estadounidenses estaban tratando de atraer al Reino Unido, una potencia en decadencia, a su seno estratégico —los británicos trataban con vehemencia de mantener independiente su propia industria de defensa y su capacidad nuclear. Sin embargo, a los británicos se les convenció finalmente, después de que los estadounidenses desarrollaran el Phantom, que fue operativo en 1960.

El Phantom [fantasma] dejó inmediatamente obsoleto al Lightning y era mucho más barato de producir. Los británicos decidieron comenzar a comprar el Phantom de los estadounidenses e interrumpieron la producción de la serie Lightning. Hubo un problema, todavía había disponibles un superávit de Lightning que estaban vagando inútilmente en las fábricas. Así es como nació la oferta a los saudíes. Los estadounidenses entraron en contacto con Riad y los convenció para que compraran un gran número de aviones con el falso pretexto de que eran los aviones más avanzados del momento. 

Las capacidades de las aeronaves eran esencialmente inútiles para las necesidades saudíes en términos de sus conflictos con Yemen y para su uso dentro de las fronteras del país. El Lightning era un avión de combate supersónico, una maravilla de la acrobacia aérea, ineficaz en altitudes más bajas o durante escaramuzas aéreas rutinarias. Fue una venta que, sobre todo, ni revolucionó ni beneficio al ejército saudí.

Kuwait hizo lo mismo en 1966, ordenando 14 de los aviones británicos. Del mismo modo, los kuwaitíes hicieron frente a problemas en el mantenimiento y la utilización de la aeronave y poco después la substituyeron. En la actualidad, la base aérea de Al-Jaber dispone de tres Lightning y de otro más fuera del edificio del cuartel en la base aérea de Ali Al-Salem.

El acuerdo de armas con el Golfo de 123 mil millones de dólares USA

Décadas más tarde, se ha cerrado un nuevo y enorme acuerdo de armas entre las monarquías del Golfo y la actual superpotencia mundial, Estados Unidos. La venta se presentó primeramente en 2007, bajo proceso de negociación entre el gobierno de Bush y, posteriormente, la administración de Obama, con varias monarquías del Golfo Pérsico como parte de un escudo de defensa más grande contra el creciente poder regional de Irán y su programa de energía nuclear.

A finales de diciembre de 2011, salió a la luz la primera parte del acuerdo de armas de 123 mil millones de dólares. Los saudíes han de recibir 84 [aviones de combates] Boeing F-15SA y mejoras para 70 modelos más antiguos por el precio de 30 mil millones de dólares —la primera parte de un total de 63 mil millones, exclusivamente pagados por Arabia Saudí, que incluye helicópteros, misiles, munición de precisión guiada y nuevos tanques. 

Además de eso, Emiratos Árabes Unidos ha firmado un acuerdo de 3,6 mil millones de dólares para comprar cerca de 100 interceptores de misiles de defensa aérea High Altitude, siendo el primer comprador extranjero de este producto en particular. Esta es sólo una pequeña parte de un acuerdo de mayor valor de cerca de 36 mil millones de dólares que incluye la compra de 80 aviones de combate F-16. Por su parte, Omán tiene previsto gastar 18 mil millones de dólares en aviones Lockheed F-16C / Ds. Kuwait está listo para gastar 7 mil millones de dólares en armas estadounidenses y en las actualizaciones para sus sistemas de defensa de misiles Raytheon Patriot. Mientras que Iraq ha concluido un acuerdo para [adquirir] aviones de combate y tanques que asciende a la suma de 11 mil millones de dólares

Si la amenaza iraní es la razón principal que subyace tras esos diferentes acuerdos, entonces es necesario evaluar y comparar la capacidad militar de Irán con la de sus rivales. Debido a décadas de sanciones y restricciones en compra de armamento, la industria de defensa iraní ha prosperado por su cuenta y ha reformado cualquier antiguo armamento estadounidense, ha construido sus propios modelos, o se ha aprovechado de los vendedores no occidentales que estaban disponibles. El gasto militar se estimaba en 2008 alrededor de un 2% del PIB. El país cuenta con alrededor de medio millón de personal militar activo y 650.000 activos en la reserva. Con el aumento de las amenazas externas, la capacidad militar y de seguridad iraní es por su naturaleza más de carácter defensivo y se basa en parámetros asimétricos de la guerra —lo último, en particular, entra en juego en relación con Iraq, Líbano y otros países del Golfo.

Siguiendo al de Estados Unidos, el poder naval de Irán es quizás el más potente del Golfo.Según informes de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y de las estimaciones recogidas por apasionados de lo militar, Irán tiene un total estimado de 260 barcos de guerra —además de 3 destructores, 19 submarinos, 198 fragatas, 5 patrulleros, 7 embarcaciones guerra de minas, y 26 barcos anfibios de asalto. Es su poder naval, la posibilidad de restringir el acceso a lo largo del Estrecho de Ormuz, y el programa de misiles balísticos que puede dirigirse a Israel lo que hace de Irán “la fuerza militar más poderosa de la región (excepto Israel), a excepción de Estados Unidos”, según las declaraciones del general estadounidense John Abizaid en 2006. Compárese esto con Arabia Saudí, el mayor Estado del Golfo Pérsico, que depende fuertemente de la importación de armas. Los datos de gasto militar según el Stockholm International Peace Research Institute revelan que en 2008 los saudíes se clasificaban en el noveno puesto del mundo. El valor de sus gastos militares se estimaba alrededor del 11,2% del PIB del país en 2009, aunque esta cifra podría ser mucho mayor debido a la falta de transparencia.
Pero su poder naval es muy inferior a la de los iraníes, compuesto por un total de 77 buques guerra y solo 7 fragatas, 9 patrulleros, y 7 embarcaciones de guerra de minas. De manera que han compensado el déficit mediante la mejora de su superioridad aérea. A finales del año pasado, Arabia Saudí disponía de alrededor de 300 aviones de combate, incluyendo modelos europeos y estadounidenses. La capacidad operativa de las fuerzas armadas saudíes se hizo evidente durante su intervención contra los rebeldes Huthi en el norte de Yemen durante el invierno de 2009-2010. El armamento de alta tecnología a disposición de los saudíes no pudo derrotar a los Huthis, cuya rebelión se vio ensombrecida por el estallido de la revuelta de Yemen. La mediocre actuación saudí resultó en 113 soldados saudíes muertos y más de 400 heridos; el número de víctimas civiles yemeníes y Huthi se calcula entre los 4.000 y los 5.000.

El negocio de las armas, pues, se dirige principalmente hacia la protección del la superioridad aérea del frente a Irán y trata de anular las sofisticadas armas balísticas de Irán, como el Shahab-3b y los sistemas de Sejjil-2. Este tipo de armas no funcionan bien en la defensa contra una invasión terrestre a gran escala, ni son eficaces contra las formas asimétricas de la guerra, ni son eficaces para dominar el curso de las aguas en el Golfo, donde Irán tiene la sartén por el mango. 

Así que, ¿quién se beneficia realmente de esta transferencia inmensa de armas y dinero? 

¿Cui Bono? 

Los acuerdos de armamento entre Estados Unidos y los Estados del Golfo por lo general se enfrentan a obstáculos o se han visto limitados por el Congreso, debido principalmente a la fuerza del lobby israelí. Este acuerdo fue aprobado en particular en el otoño de 2010, después de numerosas consultas con los israelíes, en medio de las crecientes tensiones con Irán, y la desesperada necesidad de inyectar dinero a la agotada industria estadounidense.

De acuerdo con una información de The Guardian de septiembre de 2010, se han incorporado ciertos mecanismos de seguridad para garrantizar que las armas no serán utilizadas contra los estadounidenses y sobre todo, contra Israel. Ello asegura que el Golfo sea la línea del frente contra Irán —y solo Irán— y que no dirijan sus armas contra Israel ni contra otras fuerzas que utilizan tecnología estadounidense, creando, en efecto, un colchón de seguridad entre Israel y la República Islámica. 

Por otra parte, las armas y los equipos que están comprando los países del Golfo no son armamento innovador. De hecho, esas armas no solo no están equipadas con una función de prueba de fallos, sino que la tecnología que se dirige al Golfo no puede compararse con el nivel y calidad que de la que disponen los israelíes. Como parte de su propia actualización de la fuerza aérea, Israel recibirá alrededor de 100 de los aviones militares más avanzados y costosos, el F-35, incluido un considerable descuento. En algún momento de este año, Lockheed Martin e Israel firmarán un contrato por valor de 2,7 mil millones de dólares por 20 F-35As que se espera que sean entregados en 2016. 

Además, la Casa Blanca ha argumentando que el acuerdo garantizará la estabilidad laboral de unos 75.000 empleados en grandes empresas tecnológicas como Boeing, Lockheed Martin y General Electric. La creación de empleo en una época de depresión económica es el motivador clave que ha permitido que el acuerdo fuera reforzado por el Congreso y el Senado. Estos acuerdos de armamento benefician sobre todo a los vendedores, Estados Unidos y otros países occidentales que se encuentran entre los mayores exportadores de armas del mundo. Los vendedores se aseguran de que los productos que venden sean de alto coste de producción y mantenimiento, y de tener que estar íntimamente involucrados en las operaciones de equipamiento y en la formación del comprador. Ello, en efecto, fuerza a que los Estados del Golfo dependan por completo de Occidente para mantener su protección y su seguridad. El vínculo entre producción de petróleo y comercio de armas está siempre tan estrechamente entrelazado como para que el petróleo pague por la seguridad, lo que a su vez garantiza el flujo de petróleo.

Los acuerdos sobre armamento también permiten a Estados Unidos y a otras fuerzas occidentales libertad de acción para limitar su gasto militar propio y delegar la “vigilancia” a sus aliados y clientes en la región. A pesar de las cuestiones respecto a la eficacia militar real en tiempo de guerra, los acuerdos de armas de este calibre refuerzan a los socios estratégicos locales, que pueden llevar a cabo acciones en nombre de sus socios occidentales, e incluso luchar al lado de Occidente con facilidad si es necesario. 

De lo que estamos hablando aquí, esencialmente, es de la considerable cantidad de dinero que se está transfiriendo desde el Golfo, dinero en metálico por los altos precios del petróleo, a los centros de Occidente, que se encuentran en medio de una crisis económica importante y que necesita desesperadamente dinero en efectivo. Muhsin concluye su artículo con un punto doloroso. Refiriéndose a Noam Chomsky y a Charles Tilly, Muhsin señala que el dinero por sí solo no crea automáticamente un ejército de éxito. Para establecer una industria de defensa eficaz, sostenible y potente hace falta toda la experiencia de la guerra, entender su brutal coste, y comprender inteligentemente cómo hay que prepararse para desarrollar una tarea de tal magnitud. Enormes cantidades de dinero pueden ayudar a ganar tiempo, y en ocasiones puede manifestarse en victorias a corto plazo, pero hay factores más allá del reino del dinero que han cambiado el curso de la historia.

Del mismo modo, para los Estados del Golfo, la dependencia de Occidente puede funcionar bien por ahora pero llegará un momento en que tendrán que cooperar y trabajar con Irán, un país no tan lejano a través de la costa.


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