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miércoles, 4 de noviembre de 2009

ANALISIS PODERÍO CHINO


El desarrollo de las fuerzas navales chinas aumenta la capacidad de proyección de Pekín más allá de Taiwán, causando una mutación del equilibrio regional. Los países asiáticos, India incluida, se están activando para hacer de contrapeso ante este emergente peligro y la mejor estrategia sigue siendo la alianza con Estados Unidos. El pasado 23 de abril, la Marina Militar china organizó el primer desfile de su historia con ocasión del sesenta aniversario de su institución. Con el intento de promocionar la transparencia de su desarrollo militar, Pekín hizo desfilar dos submarinos nucleares, cinco cazatorpedos, seis fragatas y una nave de desembarco. Por otro lado, el Gobierno incrementó el gasto de Defensa en 2009 al 14'9% para la construcción de, al menos, dos portaaviones con intenciones de ampliar la capacidad de proyección aérea y naval de China. La Flota del mar de China Oriental fue fundada en 1949, con base en Ningbo y con objeto de tutelar la seguridad de las regiones costeras de esta zona y apoyar las eventuales operaciones de desembarco sobre la isla de Taiwán. La segunda Flota fue creada en 1950 y está destinada esencialmente a la defensa marítima del área comprendida entre China y Vietnam, hasta la región de Fujián. Ambas han sido dotadas de nuevas tecnologías, de arsenales nucleares y de submarinos. Según el informe anual del Departamento de Defensa del Congreso estadounidense, dichos desarrollos militares son una demostración de la política de intimidación en su enfrentamiento contra Taiwán y en la voluntad de reducir la brecha militar existente con Estados Unidos. Este rearme no sólo pone en discusión los intereses estratégicos de Washington en el área del Pacífico, sino que también muta los equilibrios regionales, afecta a la sensibilidad de los países limítrofes con los que China todavía tiene disputas territoriales, creando por lo tanto las condiciones para una potencial escalada militar en la zona. Las reacciones de los países del Asia Oriental
La capacidad de proyección de la Marina China lejos de su propio territorio no se podrá alcanzar probablemente antes de 2015. Sin embargo, ya estaría en grado de combatir en breves conflictos en su propia periferia. La propia parada del 23 de abril puede entenderse como un mensaje indirecto a las potencias asiáticas limítrofes con las que Pekín mantiene disputas territoriales, por ejemplo Taiwán, Japón, Vietnam y Filipinas. En el Libro Blanco de la Defensa de 2008, las autoridades chinas han indicado varias veces que no buscan una hegemonía o una expansión en el área asiática, pero inevitablemente, con el rearme de Pekín, Estados Unidos y los vecinos asiáticos ajustan sus propios planes de Defensa y los propios gastos militares. Japón lleva décadas compitiendo con China en el campo de la seguridad regional, del comercio internacional y del acceso a los recursos energéticos. El temor japonés es que Pekín pueda utilizar su poder económico y militar para dominar la región. Como respuesta, Tokio ha comenzado a actuar en dos direcciones fundamentales. Por una parte, ha actualizado sus recursos militares y, por la otra, ha reforzado su propia asociación con Estados Unidos. Se han realizado otras dos actualizaciones importantes en el despliegue de naves dotadas de un sistema de radar Aegis y de misiles antiaéreos y antimisiles y la dotación de misiles aire-aire más avanzada de la aviación. Junto a estas maniobras, Japón también ha concedido a Washington desplegar en su territorio un sistema de defensa antimisiles Patriot PAC-3, con claras implicaciones ante un eventual conflicto con China. En el transcurso de los últimos años, la alianza con Estados Unidos ha sido reforzada con la revisión de las líneas guía de la Defensa, que ha ampliado el papel japonés en operaciones regionales de paz, el despliegue de un sistema de radar en banda X, como parte de un sistema de defensa misilístico, la expansión de la cooperación bilateral en la formación y en inteligencia y, finalmente, el permiso a los portaaviones estadounidenses de estacionarse en la base Yokosuka. Según el informe anual del Departamento de Defensa del Congreso de Estados Unidos, todas las actualizaciones militares chinas tienen como objetivo principal a Taiwán y el incremento de los misiles de corto alcance confirmaría esta percepción. En el transcurso de la presidencia de Ma Ying-jeou, las relaciones entre Taipei y Pekín han mejorado notablemente, sin embargo, Estados Unidos continúa vendiendo armas a la isla y Taiwán sigue con sus objetivos de actualizar su material militar. Recientemente se adquirieron helicópteros de asaltos, sistemas de defensa misilística PAC-3, aviones de combate y submarinos. La crisis económica ha pospuesto las cuestiones relativas a las relaciones políticas. El pasado 26 de abril se firmó el Acuerdo para el Marco de Cooperación Económica, para dar un respiro a la economía taiwanesa, afligida por una notable recesión tras la caída de sus exportaciones. Sin embargo, la cuestión de Taiwán todavía es una de las situaciones más explosivas en el interior del escenario asiático, ya que mientras que China la considera como parte de su propio territorio, Estados Unidos continúa apoyando su independencia. El rápido desarrollo económico chino ha hecho a Pekín más dependiente de los recursos energéticos, esencialmente de los que provienen de Oriente Medio y del África Occidental, a través del estrecho de Malacca y del mar de China Meridional, haciendo necesario tener un mayor control sobre estas zonas. Las disputas territoriales entre los países del Sudeste asiático y Pekín no afectan solamente al control de las rutas comerciales, sino también a la posesión de territorios ricos en petróleo y otros recursos naturales. China se disputa con Vietnam la soberanía de las islas Spartly y Paracel, con Indonesia el grupo de las islas Natuna, con Filipinas las aguas en torno a los yacimientos de Malampaya y Camago, en Malasia muchos yacimientos a lo largo de Sarawak y en Tailandia una porción del golfo de Tailandia. Estos países se encuentran en las difíciles condiciones de tener que mejorar sus propias relaciones económicas y políticas con el potente vecino chino, sin hacerle tomar un mayor peso en la región a posteriori. La mejor estrategia parece que es la del refuerzo de la cooperación en el interior de la ASEAN, tratando de atraer la atención de la administración estadounidense. La rivalidad chino-india
India se orienta hacia el océano Índico, mientras que China hacia el Pacífico, sin embargo sus esferas estratégicas han comenzado a cruzarse, ampliando lo que podría ser definido como su “arco de rivalidad”. Esta área se extiende de la zona al noreste del Índico en el estrecho de Malacca hasta el Mar de China Meridional. La actuación china, claramente guiada por los fuertes imperativos estratégicos en el océano Índico requiere una reacción fuerte por parte de Nueva Delhi para evitar la hegemonía de Pekín. El área al noreste del Índico es de fundamental interés estratégico para la protección de India y, en consecuencia, la presencia de la Marina india es fuerte. Para China, sin embargo, este área representa un tránsito vital para las importaciones de petróleo desde África y Oriente Medio y, por este comercio, es vulnerable a los caprichos de los países regionales. Para reducir esta vulnerabilidad, Pekín ha aumentado su presencia en la zona, adquiriendo derechos para la exploración y el acceso a sus recursos naturales. India, por su parte, ha cambiado su política de intransigencia ante la Junta birmana y ha instituido un Comando Integrado en el Archipiélago de Andamán y Nicobara, con base en el puerto de Blair, cuyo objetivo principal es la patrulla del área en colaboración con la Marina indonesia y tailandesa. En lo que concierne el estrecho de Malacca, la seguridad india es demandada por las naves militares que lo atraviesan. Sin embargo, el control de dichas aguas es de competencia exclusiva de los Estados litorales, a los que el estrecho pertenece, es decir, Indonesia, Malasia y Singapur. Para China se trata de un pasaje indispensable para sus importaciones energéticas. En esta zona, la rivalidad es indirecta. El desarrollo de las políticas indias en el archipiélago de Andamán y Nicobara facilita misiones militares en dicho estrecho. Ambos países están intensificando los esfuerzos para proyectar su potencia naval en el área, en especial con la ayuda de operaciones antipiratería. En definitiva, las acciones con objeto de mejorar las relaciones políticas con las potencias litorales son constantes. Para China, el éxito de esta estrategia permitiría evitar el bloqueo de importaciones en caso de conflicto. Por parte india, sin embargo, esta influencia permitiría obtener informaciones de los países litorales sobre las actividades chinas en el área. Como ya se ha observado, el Mar de China Meridional es esencial para China, ya sea por el control de tráfico comercial o por lo que concierne a la cuestión taiwanesa. La ampliación de la Flota del Mar Chino Meridional demuestra como el centro de gravedad chino se está desplazando progresivamente hacia el Sur. Por otro lado, para India esta zona es importante por la seguridad de su comercio internacional. También, en este caso, ambos países están intentado buscar su propio radio de acción a través del desarrollo de las relaciones con los países litorales, mientras que China reivindica la soberanía sobre diversos territorios. Conclusiones
El desarrollo militar chino, en especial el naval, puede llevar al gigante asiático a tener la capacidad de desplegar sus fuerzas más allá de la isla de Taiwán, amenazando los intereses no sólo de los países asiáticos, sino también de Estados Unidos. Aunque se prevea que China no estará en grado de obtener este resultado hasta 2015, en Washington se preguntan qué estrategia adoptar para contener la expansión de la influencia china. Tras las propuestas adelantadas, las más importantes son, sin duda, aquellas que prevén una respuesta multilateral. Ante todo, sería necesario coordinar los proyectos de seguridad con Japón y Corea del Sur para tutelar mejor el área del Mar de China Septentrional. En segundo lugar, podría resultar útil una mayor atención a la ASEAN para llevar a China a unas relaciones más constructivas con todos los países interesados y estabilizar la región del Mar de China Meridional. Finalmente, también sería útil mejorar e intensificar las relaciones militares con India, con la que podría buscar un acuerdo para establecer un plan común de defensa para el océano Índico.
DE EL PAIS

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