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domingo, 1 de agosto de 2010

Rusia, Estados Unidos y Canadá comienzan la delimitación del Ártico


El pasado miércoles 28 de julio, el buque científico ruso "Académico Fiódorov" inició una expedición que durará al menos tres meses, para determinar los límites de la plataforma continental que le pertenece a Rusia, en la zona del Ártico.Con el mismo objetivo de "delimitación", y en la misma zona, el próximo 3 de agosto, zarparán el rompehielos "Healy" del servicio guardacostas de Estados Unidos y el buque "Louis S. St.-Laurent" perteneciente a Canadá.Rusia emprende expedición para ampliar sus fronteras en el Ártico. Infografía Con el inicio de las expediciones, rusa, estadounidense y canadiense, el proceso de delimitación del Ártico empezará de verdad.El "Académico Fiódorov" está equipado con los últimos equipos técnicos de investigación sísmica y posee aparatos que pueden medir con exactitud la profundidad del mar.A diferencia de los anteriores intentos de definir los límites de nuestra plataforma continental ártica, como los realizados en 2007 por los famosos batíscafos Mir-1 y Mir-2, la expedición actual está destinada a hacer menos publicidad... y a dar mejores resultados.En aquella ocasión, en el Polo Norte, en el fondo del océano, se plantó la bandera de Rusia; y, al mismo tiempo, se proclamó que la cordillera submarina transatlántica Lomonosov era una continuación de la plataforma continental siberiana, por lo que debe considerarse rusa, así como todo el fondo oceánico desde nuestras costas hasta prácticamente el Polo Norte.Se puede decir que aquella expedición causó más irritación que preocupación a nuestros vecinos del Ártico, sobre todo a EE.UU. y Canadá.Porque para proclamar reivindicaciones territoriales, es necesario hacer mucho más que plantar una bandera, y precisamente, son necesarias perforaciones submarinas, investigación sísmica, datos geofísicos y mediciones exactas.Y a esto es precisamente a lo que se dedicará, la tripulación del "Académico Fiódorov". Esta expedición y como otras siguientes se dedicarán a la recopilación de información y pruebas para sustentar las pretensiones rusas sobre el fondo marino del Ártico. Dichos datos se remitirán a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU.Los problemas ecológicos del Ártico. Infografía Ya en 2010, Rusia presentó pretensiones antes dicha comisión, pero entonces se consideró que carecían de base científica. Además de Rusia, Noruega también a expuesto reclamaciones semejantes ante esa Comisión.De acuerdo a los planes establecidos, en la expedición participarán expertos del Instituto de Investigación de Oceanología, del Instituto de Investigación del Ártico y de la Antártida, del Instituto de Investigación de Navegación Hidrográfica, del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa, así como especialistas del Ministerio de Medio Ambiente, y entre la flotilla de buques también participa el rompehielos atómico "Yamal".Como puede observarse, se trata de una empresa muy importante. Si logramos demostrar nuestros derechos, Rusia se hará con 1,2 millones de kilómetros cuadrados y con el derecho exclusivo de explotación de los colosales yacimientos de hidrocarburos del triángulo Chukotka-Murmansk-Polo Norte. Es evidente que se trata de una batalla que merece la pena.Es comprensible la agitación surgida en muchos países después de publicarse las estimaciones de las reservas de hidrocarburos y otras materias primas estratégicas que al parece se encuentran en el Ártico.El Servicio Geológico de los EE.UU. estima que la plataforma marina del Océano Ártico puede encerrar más del 25% de todas las reservas no localizadas de gas y petróleo del mundo.Los volúmenes pueden ser tales que comparadas con las actuales reservas estimadas de Arabia Saudí serían equivalentes a un barril al lado de una piscina olímpica.La vida en el Círculo Polar Ártico. InfografíaSin embargo, hay que tener presente que antes que todo, esas reservas de gas y petróleo se deben descubrir y posteriormente extraer, y que ambos procesos requieren inversiones altamente costosas.Aunque por otro lado, los cambios climáticos que actualmente ocurren aceleradamente en el Polo Norte más que en ningún otro sitio, permitirán la navegación por el Océano Ártico durante todo el año quizá dentro de 10 ó 15 años.Esta ruta marítima, por la costa norte de Canadá, sería la vía más corta entre los océanos Atlántico y Pacífico, y permitiría reducir a la mitad la distancia entre Europa y Japón.Al mirar por la ventana y constatar cómo las temperaturas actuales baten récords anteriores, se puede pensar que en perspectiva esas previsiones pueden ser reales, y en consecuencia, no debe sorprender, que el mundo emprenda ahora "mediciones árticas" y que los países interesados comiencen a "delimitar sus posesiones".Y no sólo los países vecinos al Ártico. Alucina la cantidad de países interesados por esa zona. Como por ejemplo, China, a la que pocos se atreverían a impedir el acceso al Polo Norte. Todo parece cuadrar, si tenemos en cuenta que se está hablando de la repartición de las colosales riquezas naturales de la región.En condiciones del calentamiento global, las rutas por las zonas del norte que pasan por Canadá y Rusia, permanecerán operables la mayoría de los meses durante al año. Si se logrará una navegación ininterrumpida, el transporte de mercancía de China a Alemania o de China al este de Estados Unidos, se reduciría en entre 6 y 7 mil kilómetros.China no ha tardado en darse cuenta de ello y ya se está preparando para cuando el Ártico se quede sin hielo, pasando por los correspondientes programas de investigación científica.Con frecuencia, en la región del Ártico navega el rompehielos chino "Dragón de hielo", el más grande buque no atómico del mundo, construido, a propósito, en la época soviética en Ucrania.Al carecer de derechos jurídicos, China no busca poseer las riquezas de la plataforma continental del ártico, y no obstante, está a la espera de que los países interesados establezcan normas jurídicas en los mares nórdicos, así como reglas claras y transparentes de navegación, la delimitación de las fronteras y las zonas petrolíferas y gasíferas.Entonces, la economía más grande del mundo tendrá un destino para invertir cantidades impresionantes y establecer nuevas rutas ventajosas para transportar sus mercancías.Rusia, Canadá, Estados Unidos, Dinamarca y Noruega siempre han expuesto pretensiones en el litoral del Océano Glacial Ártico, y de aquí en adelante, en cada caso, cada una de las partes tendrá que presentar argumentos de mucho peso.En complejidad, este objetivo supera el descubrimiento mismo del Polo Norte, porque de momento las posturas, de cada uno de los países es muy diferente con relación al resto.Al respecto de la delimitación del ártico, los puntos en común de los países coinciden en la misma correspondencia que la cúspide de un iceberg con su tamaño real.Apoyados por Rusia hasta 2001, los canadienses siempre han insistido en que se aplique el "principio sectorial", es decir, que las fronteras se trazaran desde los límites de los territorios nacionales, siguiendo los meridianos hasta el Polo.En este caso, las tierras árticas se repartirían en partes muy desiguales entre Rusia, con un segmento enorme, de unos 5.8 millones de km2, seguida por Canadá, Dinamarca (Groenlandia), Noruega y Estados Unidos.Este modelo, por supuesto, no le conviene en absoluto a Washington, que todavía no ha ratificado la Convención de la ONU para el Derecho del Mar de 1982, llamada la Constitución marítima del mundo, por lo cual hacen caso omiso de las prohibiciones de este documento.Sus pretensiones consisten en exigir territorios que se extienden a unas 600 millas marinas desde Alaska hacia el Polo. Cerca del Polo quedaría un "terreno de nadie" de unos 3 millones de km2, donde se permitiría pescar y extraer minerales quien pueda.Los daneses tienen el plan más extraño de todos. Consiste en delimitar las tierras árticas con unas fronteras que pasen a distancia equidistantes de las costas de todos los pretendientes. Como Groenlandia es el país que más cerca del Polo está situado, se quedaría con él y Dinamarca recibiría una parte semejante a la de Canadá.

LA OPINION DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

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