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sábado, 23 de febrero de 2013

El incidente de Cheliábinsk: una semana después

Ya han pasado siete días desde que la Humanidad sufrió el peor impacto de un asteroide desde el suceso de Tunguska en 1908. A las 9:20 del 15 de febrero hora local, un meteoroide de 17 metros de diámetro y de entre siete mil y diez mil toneladas métricas entró en la atmósfera terrestre a unos 13-19 km/s (con 18 km/s como la velocidad más probable) con unos 20º de inclinación con respecto al horizonte. Durante 32,5 segundos el asteroide se desplazó por la atmósfera sobre los cielos de Rusia para fragmentarse finalmente a una altura de entre veinte y treinta kilómetros de altura.


Estela del meteoro sobre Cheliábinsk (rt.com).

Durante la fragmentación, el brillo del bólido superó al del Sol. La explosión resultante tuvo una potencia de 470 kilotones, provocando una onda expansiva que tardó un minuto y 28 segundos en alcanzar el suelo, reventando cristales, ventanas y puertas en toda la región de Cheliábinsk. Cerca de mil personas resultaron heridas en el suceso, la inmensa mayoría por culpa de cristales rotos por la onda expansiva. Afortunadamente no hubo que lamentar ninguna víctima mortal, aunque los daños ascienden a varios millones de dólares.


Trayectoria de entrada del pequeño asteroide de Cheliábinsk (Zuluaga et al.).

Análisis preliminares de los fragmentos encontrados indican que el pequeño meteoroide era una condrita ordinaria, el tipo de asteroides que dan lugar al 95% de meteoritos, lo que a su vez concuerda con los valores estimados para su densidad, similar a la roca común. Aunque las primeras informaciones señalaban que un fragmento chocó contra la superficie helada del lago Chebarkul, creando un cráter, ahora parece que ambos sucesos no estuvieron relacionados. El meteoroide no fue detectado por ningún observatorio, principalmente porque hasta solamente dos horas antes del impacto su magnitud era superior a 24. Además, se aproximó a nuestro planeta sin formando un ángulo muy pequeño con el Sol, por lo que a todos los efectos era invisible para los observatorios terrestres (pero no lo habría sido para uno o varios telescopios infrarrojos situados relativamente lejos de la Tierra). Tan sólo diez minutos antes del choque, el meteoroide seguía estando tan lejos de nuestro planeta que quedaba fuera del alcance de cualquier sistema de interceptación antisatélite (ASAT).


Magnitud del meteoroide horas antes del impacto (NASA).

El análisis preliminar de la órbita del meteoroide parece indicar que estamos ante un cuerpo de la familia de asteroides Apolo. Su órbita era bastante excéntrica (entre 0,37 y 0,65), con un perihelio comprendido entre los 116 y los 132 millones de kilómetros y un afelio de 290-591 millones de kilómetros.


Órbita del meteoroide de Cheliábinsk. Se muestran el rango de posibles órbitas (la órbita azul sólida es la más probable)(Zuluaga et al.).


Vídeo simulación del asteroide por Jorge Zuluaga:




El incidente de Cheliábinsk debería servir para recordarnos que poseemos la tecnología para detectar y -llegado el caso- desviar o interceptar asteroides peligrosos para la Tierra. Unas 16 horas después del choque, el asteroide 2012 DA14 sobrevoló la Tierra. A pesar de que su tamaño es de cincuenta metros, bastante mayor que el meteoroide del incidente de Cheliábinsk, se cree que solamente hemos descubierto un 1% de los asteroides de estas dimensiones.

Muchos se plantean la necesidad de gastar millones de euros en un sistema de vigilancia espacial cuando el riesgo de impacto es tan pequeño. ¿Por qué no emplear ese dinero en prevenir desastres naturales como terremotos o huracanes? Dejando a un lado que hemos tenido mucha suerte en esta ocasión (si la trayectoria del meteoroide no hubiese sido tan rasante quizás estaríamos hablando de víctimas mortales), hay una enorme diferencia entre los asteroides y otros desastres. No somos capaces de prevenir con antelación cuándo y dónde tendrá lugar un terremoto o un huracán, pero sí que podemos detectar el 95% de los asteroides peligrosos.

Referencias:

The Chelyabinsk Meteoroid. Reconstructing the Orbit (Grupo de Física y Astrofísica Computacional. Universidad de Antioquía).
A preliminary reconstruction of the orbit of the Chelyabinsk Meteoroid, Jorge Zuluaga e Ignacio Ferrín (ArXiV, 21 febrero 2013).


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