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domingo, 17 de julio de 2011

La visita de Angela Merkel a África se salda con escándalo por una venta de armas



La Vanguardia
Le Retour d'Afrique ("Regreso de África") se llamaba la película de Alain Tanner, de 1973. Tras pregonar un viaje a África, frustrado en el último momento, dos jóvenes suizos, se encerraban una larga temporada en su piso de Ginebra para no contrariar a las amistades. La canciller Merkel, ha regresado de África de verdad, pero más le habría valido encerrarse en su piso de Berlín a orillas del Spree.

Todo parece haber ido mal en este viaje, que se parece a una fantasía para enseñar bandera en tierras exóticas no holladas por un canciller desde 1978. Cuando apenas se había calmado el escándalo por la venta al régimen de Arabia Saudita de 200 tanques "Leopard", un arma ofensiva también equipada para reprimir disturbios, Merkel regresa de su periplo por tres países africanos marcada por la supuesta venta a Angola de entre seis y ocho guardacostas.

Durante todo el viaje, primero en Kenia, luego en Angola y más tarde en Nigeria, la canciller ha estado pendiente del teléfono europeo, con la crisis del euro incordiándole en todo momento. El susto italiano, cumbres de urgencia frustradas sobre el salvamento griego, el dólar en la picota... y Merkel en pleno "tour d´Áfrique". Pero eso quizá fuera lo de menos, pues Europa ya está acostumbrada a la dilación de Berlín en momentos de crisis y nervios.
Lo de la venta de tanques a los saudies fue sarcásticamente comentado como la contribución alemana a las primaveras árabes, pues las fuerzas armadas de Arabia Saudita participaron en la represión del incómodo levantamiento popular en Bahrein, un peón de Estados Unidos y de los intereses occidentales en la región, donde las violaciones de derechos humanos, incluida la entrada del ejército en hospitales para apresar a heridos, no son delito. Las ventas a Angola tienen problemas similares.

La mayoría de los yacimientos petroleros de Angola son marítimos, y algunos, como el de Cabinda, en aguas disputadas con la República Democrática del Congo, uno de los países más desastrosos del continente. Vender armas a un país que vive tensiones es más la norma que la excepción en todas partes, pero en Alemania, que hasta hace no mucho era escrupulosa en asuntos de guerra, queda feo. Angola quiere los guardacostas en ese contexto, aunque Merkel habla de protección de derechos de pesca y de ayuda en la lucha contra el contrabando y la piratería.

El problema es que en los últimos años Alemania se ha convertido en el tercer exportados mundial de armas, factor que determina, configura y acompaña a su política exterior, y que no casa muy bien con la cacareada "política exterior orientada hacia los valores", a menos que se trate de los valores bursátiles.

El periplo africano ha tenido su instante humanitario, un millón de euros para el campamento de refugiados keniata de Dadaab, y también su pequeña ambición "estratégica": la contención de China, nueva "potencia colonial en África", según el mito europeo, cuando lo que ocurre es que Pekín, en busca de materias primas, ocupó los espacios mas cutres del mundo, que los europeos abandonaron por excesivamente caóticos y peligrosos.

Ese punto de competencia con China ya se expresó en la última visita de Merkel a los países del Golfo, marcada por la "contención a Irán", un país que no ha atacado a nadie en los últimos siglos, y el marcaje a China. Pero los chinos tienen una política mucho más rodada y sólida en el continente, cambian materias primas por infraestructuras, mientras que los alemanes no saben muy bien qué hacer en países que funcionan con códigos muy distintos.

La gira ha sido algo apresurada. Se han elegido los países importantes, las dos potencias petroleras de la región, Nigeria y Angola, para hacer negocios, pero éste ha sido, como titulaba Die Welt, un, "viaje de negocios sin negocio". Nigeria y Angola son países de extrema corrupción y dinero fácil, con caóticas capitales que conjugan las ciudades miseria con hoteles a 350 dólares la noche y donde hay que poner millones por delante para empezar a hablar de negocios. No es que los alemanes no lo sepan hacer, allí donde conviene sus consorcios han pagado mordidas históricas, pero no es el terreno preferido. En Angola había cuatro asuntos por firmar, pero la delegación de Merkel se fue de vacio por colisiones entre burocracias ministeriales corruptas, explica Die Welt. Ni siquiera lo de los guardacostas se ha amarrado. El único resultado de este regreso de África ha sido el escándalo.

La oposición de socialdemócratas y verdes denuncia negocios armamentísticos que florecieron cuando ellos estaban en el poder y el país regresó, por primera vez desde 1945, a la arena guerrera, primero en Yugoslavia y luego en Afganistán. Que la negociación para la venta de barcos de guerra a Angola fuera iniciada por ellos no impide que ahora denuncien a Merkel como "mercader de armas en África". La falta de titulares de este curioso viaje africano ha convertido en noticia un mero proyecto.


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