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viernes, 19 de agosto de 2011

A la industria rusa le sobran escollos para desarrollar aviones no tripulados de combate


El principal diseñador ruso de aviones no tripulados (drones) OAO Consorcio Vega presentará un nuevo prototipo en la muestra aeronáutica MAKS-2011.

El aparato, que ha recibido el nombre de Luch, podrá llevar armamento (hasta 170 kg junto con los sistemas de navegación). 

La existencia de este proyecto ya se conocía desde el año pasado, cuando los proyectistas anunciaron el comienzo de los trabajos. Este es uno de los primeros intentos de la aviación militar rusa de producir un dron de combate de última generación. El estatus de proveedor oficial del Ejército ruso que tiene la empresa productora, le otorga todavía más peso al proyecto. Recordemos que el Consorcio Vega es un conglomerado estatal de empresas especializadas en equipos electrónicos, radares y sistemas de control y recogida de datos. 

Un equipamiento heterogéneo

Con el equipamiento del dron ha comenzado la polémica. El corazón del avión será el motor Rotax 914, lo cual impone varias cuestiones.
El motor Rotax 914 es un producto de la empresa austríaca Rotax y es muy conocido por las empresas productoras de aparatos no tripulados. Los llevan instalados los drones estadounidenses MQ-1 Predator o los israelíes Neron. El Rotax 914, en definitiva, es componente estándar en este tipo de aviones.

El Luch no es, de largo, el primer prototipo de dron de fabricación rusa equipado con este motor. En el anterior MAKS-2009, la empresa Tranzas presentó el Dozor-600, una especie de réplica ligeramente reducida del Predator estadounidense.

Habrá que ver cuál será el destino de este nuevo dron, el Luch. Si el Consorcio Vega lo presenta así a la Fuerza Aérea de Rusia, surgirá de inmediato el problema de la procedencia de sus componentes. El control de calidad viene llevando de cabeza a los fabricantes rusos de armamento por detalles de mucha menor importancia: piezas de importación diversas, instrumentos electrónicos de Taiwán, aleaciones especiales de otros países de la CEI. Por esta razón, un motor que se utiliza en los ejércitos de la OTAN, seguro que no pasará ni el primer filtro.

Un dron de alto nivel necesita un buen motor, pero también un buen sistema óptico (sobre todo, de rayos infrarrojos) y excelente radar, sistemas que son el talón de Aquiles de la industria rusa de Defensa. Es cierto que durante los últimos años se han registrado grandes avances en este campo, pero todavía no se ha llegado a los niveles de calidad de los modelos de otros países. En los drones totalmente dotados con componentes nacionales de la generación anterior (fabricados por empresas del Consorcio Vega) no se logró resolver del todo la estabilización de la imagen de las cámaras de a bordo. Extremo que salió a flote tras una reunión pública con el general Vladimir Shamanov en 2009.

Así que todavía no está claro qué piezas utilizará el Consorcio Vega para su aparato. Es posible que el Salón aeronáutico MAKS aclare un poco el tema, pero los competidores de Tranzas no han dudado en poner en sus Dozor-600 un sistema de visor de infrarrojos EuroFLIR 350 de la empresa francesa Sagem. En los últimos años, los franceses actúan como suministradores de esta tecnología de infrarrojos ausente en la industria rusa. Y este es un hecho que no le agrada en absoluto al Ministerio de Defensa ruso, ya que los drones son una de las piedras angulares del sistema moderno de reconocimiento y mando en el campo de batalla. 

Una triste historia

La industria de la aviación no tripulada en Rusia está evolucionando con gran dificultad, envuelta en continuos escándalos y acusaciones de gasto inútil de los fondos del estado. Ha sufrido humillaciones como la de ser testigo de la compra de aparatos israelíes para las pruebas de campo.

Finalmente, se han logrado crear algunos modelos pequeños de drones de reconocimiento que están siendo adoptados por el Ejército de Tierra.

En palabras de los diseñadores, el principal obstáculo que ha impedido el desarrollo de esta industria consiste en que el Ministerio ruso de Defensa no tenía claro qué es lo que quería cuando decidió comprar los drones a Israel que con temperatura de – 20º C fallaban. Esto hizo que se avinieran a razones y establecieran unos filtros más severos para los futuros concursos de adjudicación de contratos.

La parte positiva de esta historia es que, por lo visto, la primera etapa de la adaptación de los diseñadores con sus clientes ya ha pasado, con sangre, sudor, lágrimas y mucho dinero gastado, eso sí.

Ahora queda por afrontar la segunda etapa: hay que elevar la clase de las naves hasta el tamaño mediano y pesado, además de dotarlas de armamento y sistemas de reconocimiento de última generación. En definitiva, darle a las Fuerzas Armadas de Rusia, lo que los militares estadounidenses vienen utilizando hace más de diez años.

rianovosti

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