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lunes, 3 de junio de 2013

Ferrocarriles alemanes: drones contra grafiteros


ALEMANIA
Ferrocarriles alemanes: drones contra grafiteros


Deutsche Bahn, la empresa de ferrocarriles alemanes, prueba mini-sistemas aéreos no tripulados para vigilar a los grafiteros. Los expertos lo consideran exagerado y sin sentido, pues es más barato invertir en laca.


"En diez años tendremos el cielo lleno de drones", profetiza Wolfgang Wieland, experto en seguridad interior y vocero del partido Los Verdes. Wieland alerta sobre la necesidad de pensar seriamente en restringir el uso indiscriminado de estos sistemas aéreos no tripulados.

La Deutsche Bahn, por el contrario, defiende sus razones. Más de 14.000 grafitis descubrió la empresa el año pasado en su parque de vehículos, lo que le reportó daños por valor de más de siete millones de euros, argumenta en una nota de prensa. Por eso, la compañía prueba ahora si los drones podrían ser un recurso contra los grafiteros. Un vocero insiste en que los mini-helicópteros solo serán probados en las instalaciones ferroviarias.

Cada uno de estos vehículos no tripulados costará alrededor de 60.000 euros. Serán manejados por control remoto y son prácticamente insonoros, pues funcionan con electromotores silenciosos y pequeños rotores. Armados con cámaras infrarojas, deberán vigilar apartaderos y estaciones de carga.

Visibles, sin sentido

Mientras los drones no se eleven demasiado y no sobrepasen el perímetro de las instalaciones ferroviarias, su uso no está prohibido. Pero, ¿tiene sentido? Elmar Giemulla, experto en derecho aéreo y de transporte, considera la medida un absurdo total. Los “pilotos”, explica a DW, no necesitan licencia alguna para operar desde tierra, pero ello los obliga a mantener los equipos en el radio de su vista.
Más de14.000 grafitis encontró la empresa el año pasado en su parque de vehículos.

"Si yo, como controlador, veo el aparato, entonces los demás podrán verlo igualmente”, dice Giemulla. Además, en la oscuridad, los drones deberán tener algún tipo de iluminación para poder establecer su posición.

Jugar al gato y el ratón... o matar moscas con cañonazos

Patrick Gau, abogado especializado en delitos relacionados con grafitis, sabe perfectamente cómo piensan los grafiteros, así que va un paso más allá. Para ellos, será como jugar al gato y al ratón, al ladrón y al policía o a las escondidas: cuando descubran uno de estos equipos, se moverán sencillamente a otra zona no vigilada, asegura.

Probablemente, estos mini-helicópteros hasta le den algo más de emoción al acto de garabatear un grafiti: “Conducirá más bien a que comencemos a encontrarnos videos de Youtube en los que se filmen los drones y, a continuación, dos grafiteros que, pese a todo, conseguirán su pintada para mostrar cómo se burlaron de la Deutsche Bahn".

Además, emplear drones con estos fines es absoltamente exagerado, opina Gau: "Es como matar moscas a cañonazos", dice. Pintar grafitis en los trenes es un delito de la más leve categoría criminal, que no justifica este gasto de la Deustche Bahn, considera el experto. A la policía, por ejemplo, solo se le permite usar drones en caso de delitos muy graves.

Por eso, a Gau le parecería más cuerdo invertir en lacas especiales para los trenes, como la que los ferrocarriles alemanes ya usan en varios de sus emplazamientos. Se trata de pinturas con el llamado “efecto lotus”, que impide que el color del aerosol se fije y facilita la limpieza de la pintada. “¿Por qué los ferrocarriles no invierten su presupuesto en pintura para los trenes en vez de armarse con drones?”, sospecha Gau.
Los equipos tendrían que mantenerse a la vista del controlador... y de los grafiteros.

“Google-Earth en vivo”

El político ambientalista Wolfgang Wieland podría incluso aceptar que se empleen drones para vigilar grandes extensiones de líneas férreas, que sirven de depósito de carga en zonas rurales. Podrían servir para probar la culpabilidad de ladrones de metal, por ejemplo. Pero, para ello, se necesitarían equipos manejados realmente a distancia y no a la vista del controlador, recuerda el experto en derecho aéreo Elmar Giemulla. “Algo imposible actualmente”, de acuerdo con la legislación vigente, explica.

Como sea, Wieland rechaza, en principio, cualquier empleo de drones de vigilancia en las ciudades. Para él, se trata del respeto a la esfera privada y la protección de datos, temas extremadamente sensibles para la sociedad alemana. “Si se me ocurre tirarme en mi jardín como si estuviera en una playa nudista, quiero estar seguro de que no seré observado ni filmado desde arriba”, insiste.

De lo contrario, cualquiera de estos días tendremos un Google-Earth actualizado en tiempo real, con imágenes en vivo: “una perspectiva horrorosa”, dice Gau, a quien el tema le recuerda algo así como la pesadilla de “El Gran Hermano”, novelada por George Orwell.

Autor: Klaus Jansen / rml

Editor: Diego Zúñiga