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sábado, 7 de julio de 2012

Los submarinos ecuatorianos





00:19 07/07/2012
Brasil, en busca de consolidar el prestigio y la musculatura que –supone– requiere la posibilidad de ser una potencia emergente, está construyendo un submarino atómico, contando para ello con tecnología francesa.


La Argentina podría hacerlo también y sin demasiado esfuerzo. Como alguna vez se pensó, esto supondría modificar un proyecto que está en marcha en los astilleros de Río Santiago. Pero ocurre que la realidad es muy otra: todo lo que es militar es, por definición, postergable para la administración nacional, cuya clara antipatía por nuestras Fuerzas Armadas es bien conocida.


En Ecuador las cosas son bastante diferentes. Los submarinos que allí aparecen, de golpe, son distintos. En rigor son naves semisumergibles. Que, no obstante, pueden navegar en aguas abiertas, disimulando su carga: drogas y estupefacientes.


La Armada de ese país acaba de descubrir el cuarto semisumergible, en este caso en la isla Puná, cubierta de vegetación tropical, emplazada al sureste de la ciudad de Guayaquil, en el golfo del mismo nombre, naturalmente en el litoral marítimo ecuatoriano.


Otros tres semisumergibles, de casi idénticas características, han sido ya secuestrados por las fuerzas armadas ecuatorianas en el período que viene desde mayo del 2010 hasta hoy.


Se trata de embarcaciones de fibra de vidrio, para ser tripuladas por tres o cuatro personas. De unos 15 metros de largo y de 2 hasta 4 metros de ancho, son capaces de transportar entre ocho y diez toneladas de carga. Están dotadas de cuatro compartimentos internos, una gran bodega, una pequeña sala de máquinas y de un tanque de combustible. Son llamativamente simples, pero seguramente eficientes para la tan deplorable tarea para la que son construidas subrepticiamente.


En el operativo que culminó con el secuestro de la última nave se decomisó asimismo, en un vivienda cercana, una tonelada de drogas "duras": en concreto, cocaína y heroína. Y se detuvieron a nueve personas que –se sospecha– tienen vinculación directa con el uso del semisumergible secuestrado y con sus operaciones. La droga, como es habitual, tenía como destino final los mercados norteamericanos y europeo. Es posible que los proveedores sean combianos o peruanos.


(*) Analista del "Grupo Agenda Internacional"
GUSTAVO CHOPITEA (*)


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