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domingo, 17 de abril de 2011

Iron Dome: una defensa importante que no altera aún el balance estratégico


Elías L. Benarroch

Elías L. Benarroch / EFE martes, 12 de abril de 2011



El "Iron Dome" (Cúpula de Hierro), primer sistema del mundo contra cohetes de medio alcance, supone un salto cualitativo en la capacidad defensiva de Israel, pero son prematuras las previsiones sobre un cambio del balance estratégico en la región.

Tras haber pasado con éxito su bautismo de fuego en la última escalada de violencia en Gaza entre el jueves y el sábado, sus fabricantes no ocultan gran satisfacción y los principales políticos han corrido a fotografiarse junto a una de las dos baterías desplegadas por el Ejército.

"El logro tecnológico es impresionante (..) Israel ha abierto un nuevo camino", dijo el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en una visita al dispositivo que está situado al sur de Ashkelón, una de las ciudades más castigadas estos últimos años por los cohetes palestinos.

El otro se encuentra en los alrededores de Beer Sheva, en el desierto del Neguev y a 42 kilómetros de Gaza capital.

Fabricado por la Dirección pública para el Desarrollo de Nuevas Armas (RAFAEL), los diseñadores del Iron Dome han aprovechado los últimos días de violencia desenfrenada para demostrar lo infundado de los temores sobre su limitada eficacia.

El sistema, que consta de un potente radar y una batería de 20 lanzaderas de misiles, destruyó en vuelo ocho de los nueve cohetes identificados por su ordenador como "amenazas" contra centros urbanos.

"Los exigentes requisitos del proyecto incluían una estricta filtración de blancos (..), de forma que rápidamente detecte dónde van a caer los cohetes y no desperdicie interceptadores", explicó Nino Levy, ex gerente de la firma Elta, fabricante del radar.

La filtración es imprescindible para que el sistema no se convierta en un lastre en el presupuesto de defensa, dado el inmenso número de proyectiles disparados por las milicias palestinas y los que Israel prevé en cualquier escenario bélico futuro. En la guerra del Líbano de 2006 la milicia Hizbulá disparó cerca de 4.000 cohetes de distintos tipos.
Aunque sin datos oficiales, fuentes de la industria armamentista valoran el proyecto entre 3.000 y 4.000 millones de shékels (600 a 800 millones de euros), a los que EEUU contribuye con un 20-25 por ciento. Cada lanzamiento cuesta unos 28.000 euros, un precio para muchos demasiado alto si se compara con los cientos que cuesta un cohete Al Kasam.

"La mera comparación es ridícula", sostiene Levy, que añade que un chaleco antibalas cuesta miles de dólares frente a un dólar de una bala y "no por ello dejamos de dar chalecos a los soldados". Otros expertos recuerdan que en la ecuación económica entran también en juego el ahorro de gasto público en medidas de protección e indemnizaciones, el que no se interrumpa la actividad comercial en períodos de guerra y, finalmente, el potencial de exportación. "Incluso si consigue una efectividad (de derribo) del 80 por ciento, en el plano económico el proyecto es ya una de las iniciativas más rentables de Israel", asegura el comentarista económico del diario Yediot Aharonot, Sver Plotzker.

Pero estos aspectos, y otros de carácter técnico, son los que revelan las limitaciones del Iron Dome para inclinar el balance estratégico del lado de Israel. Para empezar, las dos únicas baterías en poder del Ejército están aún en fase de pruebas operativas y las cuatro adicionales que pretende comprar el gobierno israelí tardarán al menos dos años.

Se trata de un tiempo suficiente para descubrir su talón de Aquiles, que no es otro que un ataque sincronizado y masivo de cohetes. "El sistema necesita muchas mejoras (..) y aún así, no podremos proteger cada casa, ni cada instalación", reconoció Netanyahu. Como advierte el periodista Eitan Haber, "basta con que solo un cohete no interceptado impacte contra una guardería" para que todos cuestionen la eficacia del nuevo sistema defensivo.

Además, el verdadero objetivo del Iron Dome es el cohete Grad, mucho más destructivo, preciso y de mayor alcance que el Kasam, pero de los que Hamás tiene existencias más limitadas por su alto coste -varias decenas de miles de dólares- y la dificultad de introducirlos en Gaza.

En ausencia de acuerdos políticos que resuelvan el conflicto palestino-israelí, los morteros y Al Kasam de corto alcance, armas favoritas de las milicias palestinas y casi imposibles de interceptar, seguirán llevando la voz cantante a corto y medio plazo.

El Iron Dome no deja de ser por ahora un medio defensivo con una aportación psicológica excepcional, y que ofrecerá al gobierno israelí un mayor margen de maniobra diplomática antes de verse presionado por la población a lanzar aventuras militares de consecuencias impredecibles.


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