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lunes, 8 de abril de 2013

Descartada la guerra, Pyongyang eleva la tensión con lanzar nuevos misiles y no garantizar la seguridad de las embajadas

Por Santiago Castillo
By Santiago Castillo
Última actualización 08/04/2013@10:34:45 GMT+1




Corea del Norte no sabe cómo calmar su ansiedad bélica, descartada la guerra, ahora amenaza de nuevo con el lanzamiento de más misiles, la advertencia de no garantizar la seguridad de las embajadas en Pyongyang o el cierre temporal de Kaesong, pero su belicosidad sin límites puede provocar que una mínima chispa incendie un escenario que nadie desea y mucho menos Kim Jong-un si quiere que su régimen no desaparezca. Corea del Norte ya está lista para atacar, pero nunca lo hará, salvo que su régimen quiera suicidarse, pero, de momento, en todo el país celebran por todo lo alto su primera gran victoria como es la “mediática” al ser todos los días protagonista mundial tras su “declaración del estado de guerra” con Corea del Sur y sus amenazas a EEUU.



Precisamente el régimen norcoreano, empeñado en que todos sepamos de las virtudes y heroicidad de su líder, el “comandante brillante” Kim Jong-un, mide con exactitud el momento clave de hacer público sus amenazas y decisiones cuando es la noche en Asia, cuando es de día en EEUU, y entonces televisiones estadounidenses dan una amplia cobertura en horario de gran audiencia, hechos que también contrastan con el inseparable cámara de la televisión norcoreana que persigue por todas partes al bisoño Kim, cuyas grabaciones después se ven en todas las televisiones del mundo.

La tensión en la península coreana en vez de aminorar se agrava, pues Corea del Norte no se detiene en su lucha por lograr sus objetivos aunque sea a costa de poner en grave peligro la estabilidad de la zona y pese a la situación de urgencia de su economía, con unos seis de sus 24 millones de ciudadanos padeciendo hambruna y el régimen gastando todo –incluso sus recursos- en engordar su programa nuclear y militar, al que destina el 16 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB).

El régimen comunista comprendió que una guerra en la forma que lo viene anunciando en las últimas semanas supone un verdadero peligro para la supervivencia de su régimen, de ahí que en los últimos días haya llevado a cabo otras iniciativas que contribuyen a seguir elevando la tensión en la península coreana y crear la inquietud de la comunidad internacional.

Esta claro que nadie quiere la guerra. En Corea del Sur la situación es tranquila, pero su vecina del Norte, donde no se observan movimientos de tropas, no para de reinventarse todos los días una nueva estrategia. Ahora podría lanzar el misil Musudan sobre el 15 de abril, fecha del aniversario del nacimiento del fundador del país, Kim Il-sung, que tiene un alcance de 3.000-4.000 kilómetros y puede alcanzar a Corea del Sur, Japón y a la isla estadounidense de Guan, en el Pacífico, pero todo hace suponer que si lleva a cabo este lanzamiento el misil caerá en el mar del Este, dado que un fallo técnico supondría una catástrofe de consecuencias imprevisibles, aunque fuentes surcoreanas señalan que Corea del Norte ha cargado en lanzaderas móviles dos misiles de alcance intermedio y los ha escondido en un lugar de la costa este del país.

Pero en esta nueva escalada de estrategias, el régimen norcoreano ha advertido que no puede garantizar la seguridad de las embajadas extranjeras en Pyongyang, cuyas sedes diplomáticas consideran esta advertencia como una nueva forma de elevar la tensión, de ahí que ninguna haya abandonado el país, ni siquiera China, y al mismo tiempo ha originado un despliegue armamentístico que no se recuerda en mucho tiempo.

Corea del Sur desplegó dos navíos con sistemas para interceptar misiles en sus costas del mar Amarillo y del mar del Este ante los movimientos de que Corea del Norte podría realizar un lanzamiento, además con esta grave situación prebélica el Gobierno surcoreano planea comprar misiles antibúnker de largo alcance Taurus, de fabricación europea, para sus aviones de combate F-15K, en respuesta a las tensiones con Pyongyang, así como elevar el presupuesto de defensa que en 2012 fue del 2,59 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB).

Asimismo, las amenazas norcoreanas han supuesto que Japón aumente también su presupuesto militar, además ha puesto en alerta a las Fuerzas de Autodefensa para detectar cualquier movimiento sospechoso que venga de Corea del Norte y a su vez Tokio quiere desarrollar sensores para detectar misiles balísticos, siempre en colaboración con EEUU, lo que realmente preocupa a China que ve como las maniobras de su aliado norcoreano están provocando un inusitado desarrollo de armas en la zona.

Tanto el anuncio de reactivar el centro de enriquecimiento de uranio en Yongbyon, el mayor de Corea del Norte y cuyo reactor nuclear está fuera de servicio desde 2007, a raíz de los acuerdos alcanzados en las conversaciones a seis bandas (China, Rusia, Japón, EEUU y las dos Coreas), que supuso una buena cantidad de dólares para Pyongyang, como el cierre, se da por hecho que será temporal, del complejo industrial de Kaesong, donde albergan 123 empresas surcoreanas con 54.000 trabajadores norcoreanos y 868 surcoreanos, pues sería un auténtico suicidio económico para las arcas del país si se efectuara un cierre definitivo de este rincón fronterizo, el cual sólo es posible si se produce una catástrofe sin precedentes, forman parte, entre otros, de los argumentos del régimen para justificar sus amenazas diarias.

China, el tradicional aliado de Pyongyang, que apoyó las sanciones de la ONU a Corea del Norte, aboga por retomar el diálogo a seis bandas, está cada vez más harta de Kim Jong-un, le está resultando un incómodo vecino, al que le proporciona el 90 por ciento del combustible que consume y al mismo tiempo ve como por culpa de Pyongyang los estadounidense son cada vez más influyentes en la zona y Japón se rearma cada vez más, sobre todo cuando chinos y nipones se disputan la soberanía de las islas 
Senkaku/Diaoyu.

Pero pese a toda esta escalada que lleva a cabo Corea del Norte, la presidenta surcoreana, Park Geu-hye, sigue ofreciendo diálogo a su vecino del Norte, aunque se ha visto obligada por experiencias de anteriores amenazas de advertir a Pyongyang que responderá de forma inmediata a cualquier ataque norcoreano. 

Santiago Castillo es periodista y escritor, experto en asuntos del Nordeste asiático
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