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jueves, 16 de mayo de 2013

Nuestros supersónicos


Ramón Madorrán, en el Café de la Luna de Logroño. / Justo Rodríguez

Con 73 años y muchos sueños cumplidos, como volar en globo sobre Kenia -luego desayunó champán y cantó unas jotas con su mujer rodeados de leones- o lanzarse en parapente por una pista de esquí, Ramón Madorrán conquistará la estratosfera dentro de nueve días. Le esperan en la base rusa de Nougorod Ru. No sabe si volará en un caza MIG-29 o MIG-31: «Todo el viaje lo controla el Gobierno ruso. Solo me han pedido un análisis de sangre y que tenga la espalda bien. Y yo me siento fantástico. Me pondrán un traje y una máscara de seguridad y para arriba. Viene una de mis dos hijas porque solo traducen del ruso al inglés, y no me manejo. En el avión iré solo con el piloto. Me fijaré bien cómo lo hace, porque si le pasa algo, je, je. Estaré atento. Oye, que arriba me va a dar unos cuantos 'loopings'». Su hija concreta que van a ser solo dos vuelos invertidos y en picado. «¡Si yo me encuentro bien le haré señas para repetir!».

El primer turista español que irá más allá de la troposfera es un rompedor empresario óptico que combina la gomina con gafas violeta, bolso de cuero italiano, zapatos bicolores y blazer de lana gris a cuadros. Una clienta le ha llegado a tocar la cara para comprobar que su pacto con el diablo no tiene que ver con el botox. Hace una semana estuvo bailando «como un descosido» en una comida de familia, donde abundan los genes audaces. «Mi madre se murió con cien años en plenas facultades. No llegó a los 110 porque no le apetecía vivir más».

El verano pasado cogió a los nietos y se los llevó de atracciones a Miami. En el simulador espacial de Disney notó como «si se me parara el corazón. Pero me tranquilicé. A los cinco minutos estaba bien. Mi yerno anduvo mareado dos horas sin saber quién era. En ocho días visitamos siete parques, a tope. Hace tres meses me operaron de una hernia y entré en el quirófano con una tensión de 13/8». La dieta para semejante vitalidad y karma se compone de «muchísima fruta y energía positiva que mando al cuerpo. Hay que ser activo y disfrutar del trabajo, los amigos, la comida, una playa...».

Se construyó un chalé a las afueras de Logroño y lo coronó con un mirador acristalado donde tanto ha soñado pegado a su potente telescopio Carton: noches veladas por el paso de las estrellas, las fases lunares «y, sobre todo, el cometa Halley. Es lo más grande que he visto». El gusanillo de emular a Neil Armstrong y Buzz Aldrin le empezó a roer el alma aventurera cuando «escuché al señor de Sort que iba al espacio. Me decía por lo bajito que yo viajaría a la luna en plan baratito». No va a ser la luna, pero no pagará un euro. Ramón ha ganado el concurso de lentes Transitions para volar a la estratosfera. El único español. Un empleado de su óptica tuvo la paciencia de ir rellenando los eternos cuestionarios y el azar hizo el resto. «Lo que más miedo me da es marearme, un crujido en el cuello y que deje de ser persona».

- El domingo pasado un comandante moría en Cuatro Vientos en plena exhibición con su reactor. ¿No le ha dado vueltas?

- Si ocurre, mala suerte. Aquí estamos todos de paso. Yo voy a ir. Seré el primero, aunque con un vuelo de andar por casa que no se puede comparar con los de la Virgin Galactic. He hecho de todo en la vida. Ya solo me queda tirarme en una buena tirolina.

Una escoba para volar

El señor de Sort que cita Ramón Madorrán es Xavier Gabriel, que además de saberlo todo sobre lotería, es un aventurero que convierte en oro lo que toca. Durante las dos últimas décadas, su administración La Bruja de Oro es líder en ventas y número de agraciados. Pero también fue el primero, hace ya 27 años, en vender en nuestro país los deportes de aventura. Ha probado lo inimaginable. Le quedaba el espacio. El dinero que amasa lo invierte en gestos tan altruistas como pagar tratamientos a niños enfermos y en ahorrar para un viaje que lleva ocho años preparando. «En cuanto me enteré del proyecto de Richard Branson -el multimillonario del emporio Virgin- me apunté y fui a conocerle con una escoba. Le dije 'tú has hecho locuras y yo también. Tenemos una trayectoria similar, salvando las distancias. Tú has hecho una nave y yo una escoba que la conoce todo el mundo. Te la regalo, pero déjame que sea el primero de mi país'». Entonces no había ni treinta personas apuntadas para flotar un poco más cerca de las estrellas. Hoy son 530, quince de ellas españolas, aunque solo han trascendido los nombres de este reportaje.

Hace quince días la SpaceShipTwo, SS2, la primera nave construida específicamente para transportar turistas al espacio, realizó su primer vuelo con propulsión, rompiendo la barrera del sonido sobre el desierto de Mojave, al sur de California. El despegue se produjo con el cohete impulsado por un jet especial de doble fuselaje. El SS2 fue liberado a una altitud de 14,6 kilómetros, unos 45 minutos después. La Virgin Galactic está a muy pocos meses de inaugurar una nueva era del ocio.

Después de tres días de entrenamiento junto al Spaceport America, diseñado por Norman Foster en Nuevo Méjico, los clientes ascenderán durante 45 minutos hasta los 15 kilómetros. El SS2 se desacoplará y se producirá la ignición del motor. La nave será propulsada a 4.000 kilómetros por hora y en 90 segundos alcanzará los 110 kilómetros de altura. La atmósfera azulada se fundirá en el negro infinito del espacio. Los motores se apagarán y los cosmonautas disfrutarán de la ingravidez. Con una reentrada aerodinámica en la atmósfera terrestre, aterrizarán en 45 minutos.

Sir Richard Branson lo probará con su hijo antes de que termine el año. Siete u ocho vuelos después, subirá nuestro lotero más internacional, a principios de 2014. Lo de la escoba y los ceros que va barriendo por medio mundo gracias a la venta por internet sorprendieron tanto al magnate de la sonrisa perenne que Xavier ha terminado siendo uno de los 80 socios de su compañía. «Al principio lo llevé en secreto. Me vi obligado a contarlo cuando salió Josu Feijoó, luego se apuntó Ana Bru, su marido y más gente. Yo tengo que ser el primero de España, porque el primero es el mejor. Mezclo el marketing con la aventura, la locura. Aunque esto no es locura, ni un capricho».

- Con la que está cayendo pagar 200.000 dólares por un viaje espacial de apenas dos horas...

- Cuando haya acabado todo, el coste total no superará los 300.000 euros. Pero lo justifica la gente que conoces. He aprovechado el billete de Virgin para cultivar contactos por todo el mundo.

Como dice en una de esas frases que acuña con facilidad, «se puede ir al espacio… pero se puede llegar mucho más lejos». Ahora se ha propuesto ayudar al niño Guillermo Ortolá -www.ayudaguillermo.es-, con una enfermedad rara que la Sanidad pública no paga. Sus padres se han ido a una clínica privada en la otra punta del país, y necesitan dinero. La Bruja de Oro patrocina una media maratón acuática, a euro el metro. Hay más ejemplos que consiguen gran eco gracias a los amigotes de Sir Richard. Lo que no le gusta al lotero que empezó de botones en un banco es que le paguen sus aventuras. «Guijuelo quiere que lleve su jamón al espacio. Pero yo no quiero vender el viaje de manera relativa, sino aprovecharlo para que todo el mundo conozca España, Cataluña y mi pueblo, que es más importante que las otras dos juntas. Podría tener esponsors, pero los guardo en el maletero. Prefiero pagar y ser libre».

El espacio es un escalón más en los 56 años de Xavier. El siguiente, ser el líder europeo en ventas del Euromillón. Luego, hacer rafting... subiendo el río. Siempre a la contra.

Europa acelera

Pudores al margen, el marketing en el espacio parece otra carrera apasionante. El austríaco Felix Baumgartner rompió la barrera del sonido en caída libre al saltar desde 39.068 metros en nueve minutos. Pero no batió el récord en la estratosfera, sino en internet, la televisión y la prensa mundial. La bebida Red Bull, patrocinadora de la aventura, lo ha rentabilizado de manera cósmica.

Los paseos supersónicos para viajeros inquietos facilitarán, por otra parte, que organizaciones como la Agencia Espacial Europea (ESA) logren financiación para seguir investigando y que la ciencia y la tecnología no se atasquen. Su programa de vuelos turísticos está cada vez más cerca. Participa, además, en un consorcio de empresas con base en Suiza que ultima su proyecto para construir un sistema de lanzamiento de bajo coste. La firma española Deimos es una de ellas: «Nos ocuparemos de la dinámica del vuelo», condensa una portavoz. Calcula que tendrán «prototipos el próximo año, el vuelo inaugural se producirá en 2017 y el turismo espacial se explotará después. La seguridad de la persona es fundamental». Como el dinero. Swiss Space System ha conseguido ya 250 millones de euros. Los usuarios tampoco saldrán en cohete, sino en un avión que despegará con una pequeña lanzadera acoplada. Se separará tras alcanzar los 10.000 metros. Mientras el Airbus A-300 vuelve a casa, los turistas alucinarán a más de 100 kilómetros.

Ana Bru cree que a bordo de la nave americana de su amigo Richard Branson sentirá «la fragilidad de la condición humana y de la Tierra». Lo comprobará el próximo año. El millonario ha elegido en exclusiva la agencia de viajes de esta catalana para lanzar su oferta en España. A ella que no nació para astronauta. Soñaba con ser bailarina y su padre se lo quitó de la cabeza llevándola a las ferias internacionales donde impulsó su imperio de lavadoras Bru, las que revolucionaron la España de los cincuenta: eran las primeras con turbina. Ana terminó abriendo una empresa de viajes exclusivos para los que necesitan segregar adrenalina o domarla. Y como todo lo que recomienda lo prueba, le compró un billete a Branson. «A la semana se apuntó mi marido». En 2010 realizaron pruebas y entrenamientos en el centro aeronáutico de Nastar, Filadelfia. Ana no se conformó. La primera mujer española que va a volar al espacio siguió un curso en Estrasburgo para «entender bien fundamentos como la gravedad. Yo quiero comprenderlo todo. Huimos totalmente de la versión frívola del asunto. Esto no se improvisa. Hemos ahorrado para ello. La experiencia está siendo estupenda. Por no hablar de la gente tan interesante a la que conoces. Richard discute con nuestra hija Carla, de 15 años, de temas relacionados con el medio ambiente como si fueran uña y carne».

El alpinista vitoriano Josu Feijoó no habla con esa familiaridad del magnate británico. Es de esos tipos que encajarían bien en otras iniciativas que afloran estos días, como el Mars One, un 'reality show' televisivo con billete de ida a una imposible colonia en Marte, en el que se han apuntado 1.500 paisanos. O en el concurso de una marca de desodorantes que paseará por arriba a 22 jóvenes de todo el mundo. «El vuelo está previsto para 2014 y habrá un español, después de pasar varias pruebas. Debe hablar inglés, tener humor y ser atractivo», resume Sara Molina, responsable de marketing de Axe en España. Feijoó, que también es ingeniero, se apunta a un bombardeo, pero su excursión con la Virgin Galactic tiene poco de show y mucho de «romper fronteras para que los niños diabéticos sepan que pueden ser pilotos, policías, lo que se propongan».

Le detectaron diabetes tipo 1 hace 23 años. Traducido a pinchazos: cuatro inyecciones diarias de insulina. Pero Josu ha seguido subiendo montañas, en el sentido literal de la palabra. En 2006 se convirtió en el primer diabético que holló el Everest. Antes había conquistado el Polo Norte y el Sur. Dos comas hipoglucémicos en Groenlandia le jubilaron hace tres años de la montaña y él concentró su energía en un sueño infantil -«a los Reyes les pedí el madelman astronauta»- que se concretará en unos meses.

En la Virgin Galactic emocionó su audacia. «Me dijeron que si conseguía el dinero para el combustible volaría al espacio. Mentalmente llevo preparándome toda la vida, físicamente siete años». El patrocinio lo ha encontrado en unos laboratorios suizos que ensayan con ratones mutados lo que Feijoó va a probar a 110 kilómetros de distancia de las leyes que se lo prohíben en tierra. El espacio no está legislado. A la vuelta lo contará con discreción, por si acaso. Quizás, a Ramón, porque al intrépido óptico le gustaría reunirse con sus compañeros de reportaje «para comunicarnos nuestro gozo». Y tal vez, para soñar con Marte después de escuchar esta misma semana el desafío lanzado por Charles Bolden, el máximo responsable de la agencia espacial estadounidense: «Un vuelo tripulado a Marte es ahora el destino final de la humanidad en nuestro sistema solar y la prioridad de la NASA».http://www.lasprovincias.es/20130515/mas-actualidad/sociedad/nuestros-supersonicos-201305152345.html